La aventura de encontrar transporte en Botsuana PDF Imprimir E-mail
Botsuana
El aforo de los buses en Botsuana se optimiza a topeEstábamos a punto de dejar Botsuana. Lo primero es llegar a Nata... en autobús de línea. Era bastante incómodo pero nos hacía gracia la situación (nos hacía gracia porque no sabíamos lo que nos esperaba a partir de ese momento).

Para llegar a Windhoek, capital de Namibia, tenemos una combinación de cuatro autobuses. Llegamos a Ghanzi, ya sólo nos quedan tres. El próximo, por lo visto, sale a las 4.30 de la tarde, pero es la una y queremos salir ya de este agujero polvoriento porque la frontera cierra a las cinco, aunque dicen que allí la policía se porta muy bien con los turistas y los dejan acampar sin problema. Decidimos seguir el consejo que nos daba todo el mundo y nos plantamos en la T (luego explico qué es), a 30 kilómetros, en un autobús escolar cuyo chófer tenía tiempo de acercarnos antes de recoger a los niños. Eso sí, después de convencerle con unos cuantos dólares.Parece que era la mejor opción.

La T era un cruce de carreteras en medio del Kalahari, con mucha circulación de camiones que vienen de la capital. Parece que tiene que haber un centro comercial acojonante, con una macrogasolinera. Cuando llegamos a la conocida T, nos encontramos con un desolado cruce en medio del desierto... No veíamos gasolinera ni centro comercial; lo único que se veía era una señal de tráfico triangular con una T pintada simbolizando el cruce, y un grupo de negros que estaban en una situación un poco mejor que nosotros.

Ellos iban a poblaciones cercanas. En poco tiempo nos quedamos los cinco solos en la T, creo que pasaron en toda la tarde cuatro vehículos. Nadie nos paraba, la situación empezaba a ser preocupante, estaba anocheciendo, y aquí por la noche hace un frío que pela, empezaba a convertirse en una pesadilla, no había quien saliera de allí. Empezamos a compararlo con la Washing Machine del Zambezi, por lo que decidimos cambiarnos de lado de la carretera e ir en el sentido inverso, es decir vuelta a Ghanzi.

Un granjero blanco y un poco racista nos para y nos devuelve al único hotel de Ghanzi. Su camión lleno de troncos (nuestros asientos) no era muy cómodo, y el viento era cada vez mas fuerte y frío, pero era nuestra salvación. Al llegar al pueblo el granjero nos dijo que un autobús salía a las seis de la mañana hacia la frontera, que nos parece muy buena hora, pero la camarera del hotel nos dice con toda seguridad que el autobús es a las once. Para confirmar la hora se lo preguntamos a la recepcionista que nos comenta que es a las nueve a la hora que sale el autobús, y que lo sabe muy bien porque ella lo coge mucho. Aturdidos con los horarios nos levantamos a las cinco de la mañana... (continuará)

Víctor García Montes

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