Sossusvlei: ni agua ni gasolina PDF Imprimir E-mail
Namibia
El colorido de las dunas en Sossusvlei es impactanteEl desierto desde el cielo se ve fascinante pero hay que pisar sus arenas, y qué mejor que las dunas mas conocidas: Sossusvlei, en el Namib Desert, es el desierto más antiguo y con las dunas más altas del mundo. Son altas, rojas y perfectamente recortadas por el viento, sólo deformadas por nuestras pisadas al andar sobre ellas. Ausencia completa de cualquier tipo de vida, dicen que aquí sólo habita el payaso del namib, es un pequeño lagarto que levanta las patas simultáneamente para evitar quemárselas por las abrasantes arenas expuestas constantemente a los rayos del sol.

Estamos en invierno, pero no creo que el payaso del Namib haga distingos invierno-verano. Pequeña pateada de quince minutos, a Deadlei, ¿dónde estamos?, ¿en Marte?. Un lago completamente seco lleno de árboles muertos rodeado de dunas rojas enormes y perfectas. Se trata de un paisaje realmente desconcertante y al mismo tiempo bello y sobrecogedor. Da la sensación de que todo parece normal aquí. En esta zona del planeta pueden pasar perfectamente dos años sin llover, por lo que abundan lagos y ríos secos. La mayoría de los cauces de estos últimos ni siquiera llegan al océano.

Nos dirigimos ahora a Lüderitz, en el sur de Namibia. Viajar por este es relativamente fácil, las pistas nos están tan mal, teniendo en cuenta que estamos en un desierto. Pero lo que había que tener bien en cuenta era un detalle muy importante: la guía Lonely Planet te recuerda 20 veces de que si vas a atravesar este desierto debes calcular bien la gasolina, incluso llevar algún bidón por si acaso.

La pista que lleva a Lüderitz no ofrece mucha sombraSucede que hay muy pocas gasolineras en este país. Alberto, nuestro conductor de turno, pasa de largo una, convencido de que hay otra a una hora mas o menos. Fue un gran error: la gasolinera a la que se refería era la que nos habíamos pasado, de hecho era prácticamente la única que hay en el sur de Namibia. Íbamos acojonados mirando el indicador, la aguja no podía estar más abajo... Estamos a punto de conseguirlo, a tan sólo cuatro kilómetros de Aus, donde hay una estación de servicio.

Respiramos al ver la señalización, pero de repente Jorge nos comenta que la furgona ya no acelera mas. Nos acabamos de quedar sin una gota de gasolina, pero es cuesta abajo y podemos acercarnos bastante con el motor parado. Increíblemente terminamos metiéndonos en Aus por la inercia, el coche se para justo en un cruce a la entrada de la ciudad, ¡no nos lo podemos creer! Estamos parados, sin gasolina pero a menos de 50 metros de la gasolinera.

Coño, con tan mala suerte que son las siete y media de la tarde y la gasolinera cierra a las siete. No pasa nada, el encargado vive justo al lado y nos abre la gasolinera para nosotros. Me dieron ganas de darle un beso, son de las cosas que piensas que nunca te van a pasar a ti.

Víctor García Montes
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