El paraíso perdido se llama Diembéring PDF Imprimir E-mail
Senegal
Escrito por David Navarro   
Pol y sus amigos observan el atardecerEl destino hizo que me cruzase varias veces en Dakar, capital de Senegal, con Pol, un barcelonés afincado en Londres que viajaba con su novia francesa. Concretamente fueron tres encontronazos, y todos tenían el mismo sino: ambos queríamos ir Zinguichor la capital de Casamance. Se impuso hacerle caso al dichoso destino...

En el último encuentro nos pusimos de acuerdo para viajar juntos con un sept-place hasta allí. En el camino me comentó que iba a visitar a su tía Lulú que vivía en Diembering, y aderezándomelo con las maravillas del lugar.

Sin tenerlo previsto y aprovechando este contacto me planté en Diembering. Un gran ceiba de treinta metros está en la entrada del pueblo, por allí no había muchas actividad, casi nadie. Pregunté en una pequeña tienda por la playa y me encaminé hacia allí. Por un camino de tierra en el que pasé por un cementerio bastante pequeño y abandonado, vacas pastando por allí y un buitre que se me lanzó en plan kamikazes dándome un buen susto, llegué a la orilla del mar en unos quince minutos. Era imponente mi visión, una playa sin nadie, virginidad casi total. Un extranjero con su hijo fue la única oportunidad para preguntar por mi destino, la casa de Toti y Lulú. Un baño en esta agradable agua del Atlántico era una merecida recompensa tras un día más que cansado. Tras el baño prosigo mis pasos para encontrarme de nuevo con Pol y su novia. Mientras hablamos y contamos aventuras un rebaño de vacas rompe la tranquilidad del lugar, pero la magia continúa.  Es una estampa que da más encanto aún.

A escasos metros de la playa está la casa de su tía Lulú, realizada como las construcciones típicas de Casamanse, ‘cases á impluvium’. Este tipo de vivienda suele ser grande y redondeadas y están pensadas para redireccionar el agua de la lluvia a una pila central y así aprovecharla y reservarla para épocas de sequia. Aunque a Lulú no le hicieron el tejado con la dimensión adecuada y el agua caía antes de tiempo, su vivienda es preciosa y su situación más que envidiable. Ella alquila habitaciones para aquellos que busquen mucha tranquilidad en pleno paraíso.

Los pinos caracterizan la playa de DiembéringEl sonido del mar es de lo más relajante. Lamentablemente, a esto no le queda mucho tiempo de vida. Por una parte el océano se está comiendo el delta del río Casamance, por ello para ganar tiempo a la naturaleza se plantaron pinos por toda la costa. Esta medida está frenando el proceso afortunadamente. Por otro lado, en un futuro cercano harán una carretera en condiciones que sustituya el camino de cabras actual y facilitará el acceso de muchos turistas.

Tras un magnifico atardecer decidimos abandonar a nuestros amigos en su temporal retiro vacacional. Pero de regreso lo hicimos por el interior en lugar de por la playa, y la noche había caído. La luz de las linternas nos llevó hasta el pueblo, pero en su interior sólo aparecían cerditos y perros que se cruzaban. La comunicación con los locales para que me indicaran el camino para llegar al gran Ceiba era compleja, entendimiento cero. Tras muchísimas vueltas, Diembéring pasó de ser un pueblo a ser un laberinto a oscuras. Por más que preguntaba no daba con el sitio. Pero la suerte a veces se alía en los peores momentos, un chico que hablaba mi idioma me llevó hasta el gran árbol, además también habló con el taxista que esperaba en un lugar erróneo. Gran ayuda que fue bien recompensada con merecida propina.

Ha sido una gran experiencia el pasar por aquí y ver que aún existen lugares tan exóticos y tan solitarios. Lulú, la anfitriona, me dijo que el día que asfalten y arreglen la carretera, será el final de Diembéring, ya que facilitará la llegada de las masas. Me siento afortunado por haberlo conocido así.



David Navarro

Comentarios (1)Add Comment
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febrero 27, 2011
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smilies/smiley.gifMe ha gustado mucho gracias

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