La verdad descarnada de Soweto PDF Imprimir E-mail
Sudáfrica

Unos chavales juegan en una de las calles de SowetoQuizás para forzar la suerte o puede que tan sólo picado por la curiosidad, me largué en riguroso taxi privado a Soweto, una aldea de casi cuatro millones al sur de Johannesburg, lugar minado de sangomas, una especie de brujos que adivinan el futuro y cocinan pócimas que conjuran o producen el mal de ojo. Cuidado, que aquí eso no es cosa de broma. "Soy cristiano, pero también creo en la fuerza de los brebajes. A mi primogénito le sirvió para encontrar trabajo. No debemos despreciar lo que es útil para nuestra descendencia", me cuenta Elías, mi taxista para la ocasión.

Jane, la guía de la casa-museo Nelson Mandela, me lleva de la mano a la vivienda de una famosa hechicera. Casa de ladrillos buenos, puerta cerrada. Está usando piedras y huesos para resolver el problema de un 'cliente'. No me puede atender, mala suerte. "A veces también te anuncia que te vas a morir pronto...", suelta sin pestañear mi acompañante. Me piro del tirón (puede que haya sido lo suyo que la bruja esté ocupada).


South-Western Townships: ése es el nombre completo del acróstico So-we-to. Antiguamente era el lugar ideal para comprar un coche robado. Ahora la cosa está más calmada, pero sigue siendo recomendable no entrar en determinadas zonas. Sin embargo, como en todas partes, también hay ricos: viven en un área apodada Beverly Hills. Fue en Soweto, antiguo gueto para negros explotados, donde en junio de 1976 se produjo la revuelta estudiantil (se negaban a estudiar afrikáans) que acabó literalmente en matanza. El Hector Pieterson Museum, muy cerquita de la casa que aún mantiene Winnie Mandela (ex del mito), lo expone todo al detalle. Hay huellas del Apartheid por todos lados y fue aquí donde tuvo lugar el comienzo del fin del régimen racista.

Antes de batirme en retirada, me paso por la parroquia Regina Mundi, donde solía predicar el arzobispo Desmond Mpilo Tutu, premio Nobel de la paz en 1984. Un nutrido coro de escolares ensaya para un concierto benéfico el Mesías de Händel. Lo hacen muy bien. "Eso es bueno, que estén ocupados y no en la calle", musita Elías. En una de las vidrieras de la iglesia... increíblemente aparece la efigie de Mandela. Definitivamente aquí, en su casa, lo han ascendido a las alturas. Supongo que pedirán su santificación cuando proceda.


Daniel Pinilla

Comentarios (1)Add Comment
0
asun
noviembre 27, 2009
Votos: +1
felicitaciones

de verdad me parece una descripción muy acertada de soweto, un lugar de gente que ha sufrido mucho en la vida

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