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El parque nacional del café tiene tirón, pero menos PDF Imprimir E-mail
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Un momento del colorido espectáculo 'show del café'El parque nacional del café, ubicado en el departamento colombiano del Quindío, es de esos lugares con los que uno no termina de definir si realmente merece o no la pena. El Quindío hace las veces de corazón cuando se habla de producción cafetera en un país como Colombia, donde el oro negro (culinariamente hablando) tiene tanta trascendencia. El filón no se queda en las infusiones, sino que en los últimos años se ha producido una eclosión del turismo gracias a la conversión de las antiguas fincas en hostales. Con encanto, la mayoría de ellos, hay que decir.

Una de las presuntas visitas obligadas cuando se encuentra por la región es el citado parque nacional del café. Sinceramente no las tenía todas conmigo cuando me insistió la parroquia local. "Tienen que ir, les va a encantar", era el mensaje al unísono. Claudiqué y fui. Una vez dentro me di cuenta de que la cosa es más un parque de atracciones de dudoso gusto que otra cosa. Pero tiene sus puntos buenos.

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Cartagena padece el síndrome de Stendhal PDF Imprimir E-mail
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Una calle cualquiera del casco viejo al atardecerCartagena de Indias es lo más. La ciudad caribeña por antonomasia de Colombia es tan tan bonita que se hace difícil digerir tal belleza, hasta el punto de padecer el síndrome de Stendhal. No es que tenga una calle o una plazoleta digna de ser fotografiada, sino que todo el casco antiguo lo es. Y se trata de un buen amasijo de calles con casa coloreadas, muchas de ellas auténticos palacios con patios interiores de los que dejan a uno con la boca abierta. Por fortuna resulta fácilmente paseable, ya que la mayoría de las calles están cortadas al tráfico, mientras que las únicas abiertas al (tráfico) rodado son por horas determinadas y muchas sólo dan acceso al transporte público. Vamos, que no se corre riesgo de ser atropellado.

En Cartagena se suceden las esquinas donde uno puede contemplar la vida pasar con un buen jugo en la mano o una cerveza. Si bien es cierto que hay que tener cuidado con los carteristas, no se palpa agresividad en la calle. Más bien lo contrario: la gente es dócil y muy dada a la fiesta al aire libre. Rumbear, que lo llaman allá.

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El narco-decó causa furor en Colombia PDF Imprimir E-mail
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Así se las gastan muchas de las chicas colombianasEn Colombia ha anidado, y de qué manera, una nueva manera de entender la estética que se denomina popularmente como narco-decó (por hacer una gracia con el reconocido art decó, representado por ejemplo en el conocido edificio Crhysler de Nueva York). Principalmente son las chicas las que hacen uso de esta tendencia. Se dice en plan de broma en tierras colombianas que "acá la mitad de las mujeres se han operado los pechos y la otra mitad está ahorrando para hacerlo". No hice una encuesta cuando estuve por allá, pero la cosa no va desencaminada.

Lo cierto es que la imbricación de la cultura narco en la sociedad colombiana ha alcanzado tal nivel por momentos que su manera de ver la vida ha creado contagio. Me contaron en Cartagena de Indias (por cierto, qué ciudad tan bestialmente bonita) que los narcos gustan de exhibir su lujo, de hacer ostentación de riqueza. E ir acompañado por una mujer delgada y con las tetas muy grandes es señal de eso, de estar en el taco, de tener pasta. Las que se operan son las que pueden costearlo y lo mismo las que tienen tiempo suficiente para andar todo el día metidas en el gimnasio.

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De parrandeo en 'Andrés carne de res' PDF Imprimir E-mail
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Estampa de una de las pistas de 'Andrés carne de res'Chía, la ciudad de la luna, es un pueblo situado muy cerquita de Bogotá donde se ubica uno de los mayores referentes de la marcha de la capital colombiana. El local en cuestión se llama 'Andrés carne de res' y es un auténtico imperio. De entrada, el negocio da trabajo a la friolera de 800 empleados, de lo que suelen estar trabajando 600 en cada turno. Caben 3000 clientes, con lo que una noche potente allí hay más gente que un pueblecito.

La atención está currada. Los camareros atienden con diligencia y rapidez. Hay que comer, como su nombre indica, mucha carne. Los patacones también se estilan. Desde luego, no es un sitio indicado para comenzar una dieta. Por supuesto, la cosa hay que acompañarla con cerveza fría (la Club Colombia no está mal como sugerencia). Por todo el recinto pulula un buen puñado de actores que animan el cotarro y van colocando bandas con los colores de la bandera colombiana al personal y también diademas a las chicas más guapas. Creando ambiente, que se llama.
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Zipaquirá tiene la octava maravilla del mundo PDF Imprimir E-mail
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Así es la nave central de la Catedral de salCerquita de Bogotá, a pocas decenas de quilómetros, encontramos el reclamo turístico más visitado de toda Colombia, que sorpresivamente no se trata de una playa exótica ni de un valle cafetero. Tampoco tiene que ver con la Amazonia. Se trata de una mina de sal, ubicada obviamente en las entrañas de la tierra, que alberga una sorprendente catedral. Catedral de sal, por supuesto. La octava maravilla del mundo, así la proclaman los vecinos de Zipaquirá, el pequeño pueblo que cuenta con un reclamo tan notable.

El origen de Zipaquirá se remonta a tiempos anteriores a la conquista española, cuando los panes de sal valían literalmente su peso en oro. La visita propiamente dicha se divide en dos. En mi caso accedí un Sábado Santo, por lo que la presencia de fieles en un país tan creyente como el colombiano estaba asegurada. Nos metemos en el vientre de la tierra, aunque en ningún momento hay problemas para respirar ni sensación de claustrofobia. La ventilación e iluminación son excelentes. Tras pasar un par de monitores que proyectan la película La pasión de Cristo para meternos en ambiente, se accede a la representación de las estaciones del Vía Crucis. La disposición de la cruz en cada estancia representa un momento de la pasión. Prescindible, la verdad. La segunda parte de la visita es otra cosa.

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