Jewel Cay, una joya en la costa hondureña PDF Imprimir E-mail
Honduras

Calles palafíticas en Jewel CayEl ferry atracó junto a uno de los pantalanes del puerto de Utila, una de las principales islas del archipiélago de las Islas de la Bahía (Bay Islands) junto a Roatán, la mayor de todas. Considerada como uno de los mejores lugares para iniciarse en el buceo -por sus aguas cristalinas, infraestructura de escuelas y, sobre todo, precios- allí había quedado con una pareja de suecos y un australiano. Nos habíamos despedido en Granada (Nicaragua) con el compromiso de vernos en Utila tres días más tarde para hacer juntos los cursos. Esta vez la decisión de no llevar móvil durante el viaje no resultaba la más práctica.

“Are you looking for a diving school?” Sí, pero antes debo encontrar a unos amigos. “¿Eres Esteban?” Cara de sorpresa que no se puede describir. Sí, soy yo… “Tus amigos te esperan en Jewel Cay. Si nos damos prisa, alcanzamos la barca que va al cayo. Sólo hay dos al día”. Durante un segundo reflexiono. Me cuesta tomar decisiones tan rápidas, sin meditar, lo malo de ser demasiado racional. “¿Vienes?” Sí, claro. Sin apenas poder despedirme del padre e hijo coreanos con quienes compartí habitación en La Ceiba, saltamos a un bote de madera que inmediatamente arranca.


“Me llamo Nathalie, soy holandesa. Trabajo para Captain Morgan’s diving school”. Encantado. “Esta tarde comienza un grupo de PADI Open Water, seríais sólo tres personas, ¿te interesaría?” Por supuesto.

La barca se abre paso por las aguas del Mar Caribe, y el frescor del viento en la cara, tras semanas de bochorno en Centroamérica, es uno de esos pequeños momentos que nunca vas a olvidar. Es un éxtasis sencillo, que encuentras en lo pequeño y el que más valoro. “Jewel Cay te va a gustar. Además, podrás olvidarte de los mosquitos: ¡no hay!”. Eso sí que es una buena noticia.

Paramos en el embarcadero frente al Hotel Kayla, una casa preciosa pero sencilla construida sobre pilotes y bajo la cual rompen las olas que entran desde su espalda. Todos los huespedes son buceadores de Captain Morgan’s y allí están mis compañeros de fatigas. ¿Cómo lo organizasteis? “Nathalie iba a Utila y calculamos que debías llegar en ese ferry. No fue tan difícil. Este sitio es una maravilla, una joya, ya lo verás”.

Aunque las Islas de la Bahía fueron descubiertas por Cristobal Colón en su cuarto viaje americano, casi siempre estuvieron bajo dominación británica, sirviendo de base para los piratas y bucaneros que atacaban los galeones españoles, de entre los cuales el más famoso fue el Capitán Henry Morgan. Con estos antecedentes, la población local habla inglés creole, como ocurre en tantos otros lugares del Caribe centroamericano habitados por garífunas.

El hotel Kayla yace sobre el marPor su parte, Jewel Cay es un pequeño cayo coralino unido al igual de diminuto Pigeon Cay por un largo y estrecho pantalán de madera, a cuyos lados los pescadores locales amarran –o suspenden con poleas fuera del agua- sus barcas. El mar es cristalino y siempre hay niños bañándose. Tres o cuatro minutos andando son más que suficientes para recorrerlos de un extremo al otro. La red viaria la constituyen unos pequeños caminos de cemento que serpentean entre los palafitos construidos sobre la arena blanca. Por supuesto, no hay vehículos a motor, a excepción de las mencionadas barcas. Ni tampoco electricidad, salvo la que produce un grupo electrógeno que comienza a funcionar con la caída del sol y que se detiene puntual a las once de la noche.

Así las cosas, la vida lleva el ritmo del sol: madrugas bastante, realizas varias inmesiones diarias y estudias un poco de teoría del buceo por la tarde. Luego, te relajas al sol charlando con otros buceadores, contando cada uno sus experiencias, ya sean bajo el agua, ya sean sobre su viaje por estos parajes centroamericanos. Cenas uno de los menús que ofrece una de las dos pequeñas cantinas que hay en Cayo Joya –una más dedicada a comidas; la otra más a bebidas- y te acuestas bien temprano.

Diez días de ensueño en Jewel Cay, de sencillez de la que llena, dentro de los cuales disfruté de los mejores regalos de cumpleaños, pues tuvo lugar en ese tiempo: una puesta de sol frente al Caribe hondureño, con una cerveza fría en la mano y todo ello tras un día de buceo en el arrecife de coral. No se puede pedir más.



Esteban González-Camino

Comentarios (2)Add Comment
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Pedro
abril 27, 2009
Votos: +0
buceo

me están entrando ganas de apuntarme a un curso de buceo allí mismo donde tú

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Roatan Fishing
marzo 19, 2013
Votos: +0
Great

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