El inevitable mal de altura en Quenco y Tambomachay PDF Imprimir E-mail
Perú
La entrada a la laberíntica QuencoQuenco significa en quechua "laberinto torcido con muchas vueltas". Y así es, con muchos pasajes, canales, escalinatas, tiene un auditorio donde se hacía culto a la fertilidad. Todo parece un solo bloque de piedra. Aquí se hacían sacrificios de llamas, aunque nos cuentan que no sólo de animales sino también de niños.

Se han encontrado algunos vestigios de ello y cuentan que los padres de estos niños los convencían y los entregaban para estas ceremonias. Nada agradable, pero cierto. Todo era por la fertilidad de la tierra. Era un mundo que vivía alrededor de su agricultura, medio principal para su supervivencia.

Quenco  a pesar que está cerca de la ciudad del Cuzco ya se va sintiendo la  altura. Pues  yo ya me estaba sintiendo media rara y así comenzamos a dirigirnos a la parte más alta  de nuestra visita  las ruinas arqueológicas de Tambomachay, aproximadamente a 3700 metros sobre el nivel del mar. Pues desde que baje no estaba nada bien, esta visita la hice como en cámara lenta, pues no disfruté mucho, por lo mal que me sentía. Mas con un pequeño esfuerzo pude mirar y escuchar todo el recorrido. 

Aquí se rendía culto al agua, lo sorprendente es que no se ve de donde viene el agua, que nos dicen es subterránea, manantiales y fuentes termales; a través de estas fuentes los Incas hicieron canales para conducirlas a la ciudad del Cuzco. Toda esta construcción es magistralmente hecha, ensamblada al cerro en forma de terrazas o andenes escalonados. Pues se observa un sistema hidráulico magnífico. Hasta ahora uno puede observar el agua cristalina  y abundante que sale a las fuentes de piedra y también nos comentan que hasta ahora no se sabe el origen del manantial subterráneo.

Toda esta construcción se observa muy armónica con el ambiente, y si me imagino la gran tranquilidad del ambiente, el sonido del agua, lo hermoso de alrededor y el Inca dándose un placentero baño en ese entorno. Envidiable por cierto.

Este fue el último lugar  de recorrido, ya de noche alrededor de la 7 p.m. Me encantó todo, menos lo mal que me sentía. Pero así son algunas veces estos gajes de este oficio, el pasear.   Por este día estuvo ya bien, sólo fui acompañante de cena, porque ni el olor de la comida deseaba oler. Pues a descansar luego  y retomar fuerzas para el día siguiente.

Silvia Guerra

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