Sin reservas en el fin de año margariteño PDF Imprimir E-mail
Venezuela
Escrito por David Navarro   
Los fuegos artificiales cubren el cielo de MargaritaEl fin de año en Venezuela es una fecha muy señalada para estar en familia. En mi visita al país me cogió en Isla Margarita, en pleno Caribe. Allí todo podía ser diferente... De hecho, lo fue. 

Quedaban pocas horas para la media noche y las tiendas de bebidas se agolpan de gente para sacar existencias. El ron era baratísimo, tan sólo a tres euros la botella, ya que Margarita es puerto franco. No había un plan concreto para celebrar. La primera opción, la discoteca Señor Frog, había sido cerrada recientemente por un asesinato en su puerta. La segunda, Stigma, el local más de moda de la ciudad cerraba sus puertas tanto el 31 de diciembre como el uno de enero. Todo se ponía negro.

Así que los que íbamos tomamos un taxi desde nuestro hotel en el centro de Porlamar hasta el centro comercial Costa Azul, donde estaba casi todo cerrado, excepto dos restaurantes. Ambos nos indicaron que lo tenía todo reservado para cenas de año nuevo y que tan sólo nos permitían acceder a partir de las doce. Había otra posibilidad, caminando a cinco minutos estaba el centro comercial la Vela, mucho mayor. Pero se mascaba la tragedia, este inmenso edificio estaba cerrado por completo.  Un restaurante exterior organizaba también cena, al igual que los anteriores nos remite a volver tras la media noche para beber. Muy pocas expectativas… 20:30 del 31 de diciembre y sin perspectivas de una posible cena.

Justo enfrente estaba el Casino de Porlamar, no había otra, mejor ir a preguntar. Muchísima gente jugando a la ruleta, cartas y máquinas tragaperras, ninguna sensación de ser la última noche del año, y sin rastros de comida por ninguna parte. De todas maneras atravesándolo se accede directamente al hotel Hilton y algunos letreros indicaban el camino al restaurante. Por fin allí, nos dieron la noticia nada novedosa que estaba todo reservado. Nos quedaba otra que llorar un poco, era el último cartucho. El encargado cedió y fue a buscar a su jefe. Las cosas se ponían mejor, nos ceden una mesa junto a la orquesta con mucho ruido asegurado. Todo apuntaba a la victoria hasta que llegó el momento de pagar, ¡90 euros por comensal! No había ni hambre, ni dinero. Lamentablemente tuvimos que renunciar. Con todo perdido nos ofrecen quedarnos en el Bar Lunch del hotel para pedir algo de la escasa carta. Así que unas hamburguesas con mucho glamour hicieron de cena de fin de año.

David N. y Dario D. junto a una amiga brasileña en Kamie BeachTras la cena un taxista previamente apalabrado nos recogió y nos llevó a un local en la playa llamado Kamie Beach. Era pronto y seríamos casi los primeros en llegar. Compramos una botella de ron y nos situamos entre la terraza y la playa. Los cubalibres bajo palmeras, junto al mar y a la luz de la luna sabían sabrosísimos. Los tragos caían y pronto hicimos buenas migas con un grupo de argentinas.

Con una canción de merengue de temática de fin de año anticiparon el momento. De repente, la música se detuvo y comenzó la cuenta atrás para dar paso a las campanadas. Como no disponíamos de las doce uvas como indica la tradición venezolana, le buscamos el sustitutivo de sorbitos de ron. Muchos abrazos y besos para entrar el nuevo año en una lluvia de fuegos artificiales por toda la isla.

La noche siguió y a eso de las tres de la mañana anunciaron un regalo en el exterior. Toda la discoteca bajó a la playa para ver los fuegos artificiales organizados por la discoteca. A partir de ahí creció el ambiente con todo el mundo se comportaba de forma muy extrovertida. La fiesta duró hasta el amanecer. Gran noche sacada a contrarreloj casi por arte de magia.



David Navarro
Comentarios (1)Add Comment
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Antonio V.
octubre 12, 2010
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Venezuela 2010

Que pena que ultimamente las cosas con venezuela no vayan tan bien. Menos mal que seguimos siendo pueblos hermanos a pesar de la cabezoneria de politicos y dirigentes...

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