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Kowloon: bienvenidos al barrio más poblado del planeta PDF Imprimir E-mail
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Las calles de Kowloon, las más densas del planetaEl panorama cambia, y de qué manera, al pasar la frontera entre la China 'instalada' y la ex colonial. Hong Kong (que significa puerto fragante) es chino, claro está, pero no lo parece. Densísimamente poblado (el área de Kowloon, donde me hospedé, tiene el récord mundial: más de 42.000 habitantes por kilómetro cuadrado), ambiente a tope a todas horas (más de 10.000 restaurantes hay), se conduce por la izquierda, todo quisqui habla inglés, moneda propia y mantiene sus propios sistemas social y legal (teóricamente se contempla el sufragio universal, pero el gobierno chino lo ha frenado; previsible). "Un país, dos sistemas" es el leit motiv desde la salida de los británicos en julio de 1997.

El Reino Unido se asentó para preservar el comercio del opio y el resultado hoy en día es un amasajo de culturas que nada tiene que envidiarle a Nueva York. Eso sí, el juego sigue estando prohibido y el que quiera apostar se tiene que acercar a Macao.

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El taichi de Tianjin no es un trabalenguas PDF Imprimir E-mail
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Un grupo de chinos practica tai chi al amanecerTianjin es más habitable y manejable que Pekín. Tampoco se ven las estrellas por la nube tóxica que envuelve a la ciudad (16 de las 20 urbes más contaminadas del mundo están en China, obsérvese), pero al menos no se pega uno media jornada enclaustrado en transportes urbanos. Por cierto, que eso de pagar el metro, al menos en Pekín, se acabó a los pocos días de caer por esas latitudes. Reconozco que hice el primo al principio, pero después me enteré de que con acreditaciones o entradas del día la cosa salía de pescuezo (estuve por China durante los Juegos Olímpicos de 2008).

Como todas las entradas son muy parecidas entre sí y yo me hice con una ya gastada, si la enseñas en plan Juan Tamariz y con cara de gastar mucha prisa, la cosa cuela. Biennnn, entré en las estaciones al grito de 'pago ná'. Al margen de este apunte, vale reseñar que Tianjin aporta un casco antiguo demasiado reconstruído, un templo de Confucio que está cerrado, un mercado de antigüedades chusquero... casi mejor ni sigo. Pero, punto a favor, tiene una ribera decente y paseable junto a río Hai. Son diez millones de habitantes y todos muy amables.

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La tentación de comprar compulsivamente en Silk Street PDF Imprimir E-mail
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Uno de los cientos de puestos en Silk StreetTras una fugaz pasada por la prescindible Quinhuangdao (ciudad fea y con demasiados olores 'penetrantes' por las calles) me pillé un tren de los rapiditos para encajarme en Pekín. Notición: primer día que brilla el sol desde que una semana antes aterricé en China. Verlo no lo vi (porque el tema de la contaminación es denso densísimo), pero menos da una piedra.

Casi de empalmada me tiré a la calle de la seda, que ni es calle ni nada. Es una especie de centro comercial en plan mercadillo donde venden Iphones a 30 euros, precio de partida (lo suyo es dejarlo todo al menos a un tercio de lo que te piden...). Más falsos que un billete de quince pavos, claro está. En un país que inventó el váter con cisterna pero son mayoría los olorosos inodoros al estilo turco, que su primer animal domesticado fue el gusano de seda y que enloquece de gusto con las luces estridentes, pegarse dos horas en un tiendón así agota. Puro glamour: relojes con brazos de Mao como manijas, ceniceros con sonido, abanicos también con sonido, pijamas fluorescentes... en fin, distinción y clase.

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Chinos y más chinos camino de Shenyang PDF Imprimir E-mail
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La estación de tren de Shenyang, siempre abarrotadaDiez horas (10) de tren, tres revisiones de pasaporte, colas bestiales para llegar al andén y qué sé yo, pero anoche llegué a Shenyang. A 74 kilómetros hora fue el tren, velocidad de crucero. La auténtica bala. La de la taquilla me engañó al decirme que se echaban sólo cinco horas en el trayecto. Total, que me encajé en Shenyang a las diez de la noche. Una aldeíta de casi ocho millones de personas, conductores kamikazes total y edificios gigantes horriblemente iluminados con luces horteras a tope. Según he leído, el gobierno ha tratado de reeducar a los conductores y los peatones para evitar que la gente de fuera sufra un ataque al corazón en cada cruce, pero me temo que en la jungla de Shenyang el éxito de la iniciativa ha sido discretito.

A ver si me cruzo con Ronaldinho y compañía (mi viaje fue durante los Juegos Olímpicos), que creo que andan por aquí. Por cierto, al parecer la organización de los Juegos generó puestos de trabajo para unos dos millones de personas, pero la ampliación de las carreteras se ha llevado por delante puntos de interés históricos que van a resultar irrecuperables. Quédense tranquilos: en Shenyang no había demasiado que cargarse, así que la Unesco no tiene de qué preocuparse. Lo que más merece la pena es un jardín botánico con puentes colgantes que está como a 30 kilómetros. (PD: me quedé en el hotel de mi colega Nacho: gratuidad).

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Una escalada donde nace la Gran Muralla PDF Imprimir E-mail
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Imagen del punto exacto donde nace la Gran MurallaTras una breve estancia en Shenyang (una ciudad inmensa, muy contaminada y con dudoso gusto a la hora de su iluminación nocturna), me cogí un tren hacia la costera Quinhuangdao. Mi guía de China de más de mil páginas le dedica un total de cero líneas a la ciudad, por lo que no esperaba demasiado. Apunten que está hermanada con Lugo, una pequeña capital al norte de España (¿?) y no apunten mucho más. La verdad, un espanto. Es la número 78 en población del país y aún así tiene cerca de tres millones de habitantes. Coincidí en el tren (era de calidad, va a toda pastilla) con la delegación de la prensa brasileña que cubría los pasados Juegos Olímpicos en China. Varias decenas siguiendo a los Ronaldinho y compañía. Los peloteros cogían un tren posterior al nuestro. Cerrado para ellos, claro, no sea que los señoritos se fueran a agobiar...

Teniendo en cuenta lo poco que aporta la tal Quinhuangdao, decidí acercarme a Shanhaiguan, una pedanía a diez kilómetros. Allí se encuentra el punto donde arranca la gran muralla, desde el muy contaminado mar. Al poco está el Jiao Shan, el primer pico que recorre. Hay telesilla, pero la economía de guerra me obligó a marcármelo a pata.

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