La tentación de comprar compulsivamente en Silk Street PDF Imprimir E-mail
China

Uno de los cientos de puestos en Silk StreetTras una fugaz pasada por la prescindible Quinhuangdao (ciudad fea y con demasiados olores 'penetrantes' por las calles) me pillé un tren de los rapiditos para encajarme en Pekín. Notición: primer día que brilla el sol desde que una semana antes aterricé en China. Verlo no lo vi (porque el tema de la contaminación es denso densísimo), pero menos da una piedra.

Casi de empalmada me tiré a la calle de la seda, que ni es calle ni nada. Es una especie de centro comercial en plan mercadillo donde venden Iphones a 30 euros, precio de partida (lo suyo es dejarlo todo al menos a un tercio de lo que te piden...). Más falsos que un billete de quince pavos, claro está. En un país que inventó el váter con cisterna pero son mayoría los olorosos inodoros al estilo turco, que su primer animal domesticado fue el gusano de seda y que enloquece de gusto con las luces estridentes, pegarse dos horas en un tiendón así agota. Puro glamour: relojes con brazos de Mao como manijas, ceniceros con sonido, abanicos también con sonido, pijamas fluorescentes... en fin, distinción y clase.

Lo curioso es que media villa olímpica (eran los Juegos Olímpicos por esa época) estaba allí regateando a muerte. La medalla de oro será para el que más compre y no le claven sobrepeso en las maletas. Yo mantuve mi integridad y compré cero cartón, aunque pensé en ponerme en 'alquiler' para reflotar mi economía: estaba dispuesto a llevar a España ipods varios y demás a quien me los encargue por una módica comisió. No es mala manera de sufragarte un viaje, no señor. 

Comentarios (1)Add Comment
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Marta
mayo 22, 2009
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mi mundo

no podría ir, me volvería loca

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