Teherán se pone guapa PDF Imprimir E-mail
Irán
Una de las concurridas calles del gran bazar de TeheránAl pie de los montes Alborz se encuentra enclavada una ciudad incapaz de dejar indiferente a sus visitantes. Teherán, con sus ocho millones largos de habitantes, resulta más vibrante de lo que la mayoría espera. Lo primero que llama la atención en la ciudad es la confrontación constante entre lo antiguo y lo moderno, las viejas costumbres con una incipiente occidentalización. Nada que ver con el resto del país, mucho más conservador.

Los ciudadanos de Teherán son muy presumidos. Llama la atención la cantidad de gente que va por la calle con los puntos de sus narices operadas al aire. Es una forma de demostrar que manejan dinero, porque no todo el mundo puede costearse una operación de cirugía estética. Presuntamente no debería ser algo que se exhibe el hecho de tener que pasar por el quirófano para parecer más agraciado. Todo lo contrario sucede en Teherán: una nariz pequeña es el objetivo común. Vivir para ver... y oler. Muchas mujeres van muy maquilladas y aguantan las miradas a los hombres, a pesar de ir perfectamente tapado su cabello.

La parte norte de la ciudad es sin lugar a dudas la de la gente más rica. Bien conectada a través del metro, supone el lugar donde hay mayor concentración de embajadas y de museos. Más que significativo. Probablemente se lleva la palma el white palast, antiguo hogar de Farah Diva. Se trata de un palacio auténtico, muy espectacular. Muchas de sus alfombras se van más allá del medio millón de euros, una minucia para un régimen que es historia desde los años 70. En la puerta hay dos botas gigantes, el resto de una extinta estatua del antiguo dictador. Curiosamente, mucha gente se forografía con ellas.

Un par de turistas en un carruaje del 'white palast'Teherán no es el resto de Irán. Cuando por la calle va una mujer sola, lo que más se cruza son miradas sucias y comentarios calientes con la boca pequeña. Cosas de la represión. Sin embargo, la experiencia habitual no puede resultar más gratificante en lo que educación se refiere. Los iraníes simpre ofrecen su asiento en el autobús al extranjero. "¿De qué país eres?, muchas gracias por visitar Irán". Te comentan a cada rato gentes desconocidas. En la radio es habitual escuchar obras de teatro y recitales de poesía. Existe mucha gente cultivada y practicante del taruf, un modo de educación por el que siempre hay que negar tres veces lo que te ofrezcan. No es correcto aceptar a la primera, así va el protocolo.

Daniel Pinilla

Comentarios (1)Add Comment
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diciembre 26, 2010
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muy curioso el afán de los persas por las operaciones de cirugía estética. me parece sorprendente que le den tanta importancia

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