Imposible dormir con el techno tokiota PDF Imprimir E-mail
Japón
Escrito por David Navarro   
El gasto de electricidad nocturna en Tokio no es pocoLa noche de Tokio tiene mucha fama, sobre todo por la diversidad de sitios y grandes discotecas. Era sábado, qué mejor momento para descubrirla. Para ello, nada mejor que te oriente alguien del país, y por suerte yo tenía a la persona idóne:, Kaori, una japonesa cercana a los treinta años que además trabaja en el sector turismo. Plena confianza en ella.

El punto de encuentro fue la estación de metro de Roppongi, posiblemente el barrio más animado de la ciudad. Nos acercamos caminando al edificio Roppongi Hill, un rascacielos impresionante. Junto a él había una araña exactamente igual que la que hay en Bilbao en la puerta del museo Guggenheim. Una vez dentro de la torre, todo parecía un laberinto, pasillo para un lado y para otro, escaleras mecánicas… por fin llegamos a nuestro destino: restaurante Rigoletto.

El lugar se entra a través de una bodega con caldos procedentes de todo el planeta. La sala está rodeada por cristaleras para ver el brillo de los edificios en la noche tokiota, en especial la torre roja de Tokio. Al entrar todos los camareros hacen un grito al unísono para dar la bienvenida. Las luces son tenues, grupos de gente joven por todas las mesas y música ‘house’ amenizada por un pinchadiscos. La carta es una mezcla entre productos españoles, latinoamericanos e italianos. Sorprendido de que te pongan desde un ceviche de pulpo hasta una tabla de productos serranos. La sección de bebidas me sorprendió más, ya que había marcas muy conocidas para mí como el ron Zacapa de Guatemala (que se dice que es el mejor ron del mundo), manzanilla la Gitana de Sanlúcar de Barrameda (muy de mi tierra) y cerveza Alhambra de Granada. 

Pero yo prefería la cerveza local, servida en jarra helada y pizza, por cierto, el primer restaurante del mundo que visito que pone en la carta una pizza sin queso. Un aplauso por esta iniciativa. Un diez para Rigoletto. Por cierto, el restaurante está abierto los fines de semana hasta las tres de la mañana. Dato importante para los más trasnochadores.

Tras esto se hizo tarde para Kaori y perdió el último tren que la llevaba a su casa. Y es que los taxis con las distancias que hay son prohibitivos en cuanto a precio. Su alternativa era ir al cine que está abierto 24 horas, donde mucha gente va para dormir, ya que es más barato que cualquier hotel o taxi. Existe otra alternativa, que es la de un cibercafé, que también los hay que optan por ir aquí a pasar la noche. Siempre es bueno saberlo. Pero por lo pronto Kaori paso de cine y nos llevó al ‘Warehouse’. Problemas para mí para entrar, hacía falta presentar documentación, y  no llevaba nada. Le di la tarjeta de crédito y no le valía. Así que muy prácticamente mi amigo Diego disimuladamente me pasó su carné de conducir, lo mostré al portero y coló…pudimos entrar. No era barato, casi 20 euros.

Era un lugar de música ‘techno’, al principio no había mucha gente, pero se fue llenando poco a poco. Empezamos a conocer a unos y a otros y cuando nos dimos cuenta conocíamos a la mitad de la discoteca. Muy buen rollo a pesar de que todo el mundo iba totalmente ‘ciego’. De vez en cuando había alguno tirado por el suelo vomitando. La gente ‘moría’ con los ‘DJs’, se ponían delante de ellos a brincar como locos. Cuando les hablaba de Ibiza, algunos pensaban en que sería el viaje de sus sueños.

La noche se acababa y el metro volvía a abrirse, es hora de volver al hotel. Me han sorprendido lo divertidos y simpático que son los japoneses, incluso en un ambiente ‘techno’ donde se suele bailar mucho y hablar poco.



David Navarro

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