La Tokio de Godzilla PDF Imprimir E-mail
Japón
Escrito por David Navarro   
La estatua de Gozilla en el barrio de GinzaTokio es una gran urbe que sorprende a cualquier visitante. Sus dimensiones son espectaculares, por lo que hay que hilar fino a la hora de prepararse un plan para seguir un recorrido que ofrezca una visita interesante de la capital nipone. La situación del alojamiento puede condicionar a la hora de decidir, eso está claro.

Me alojé en Asakusa, cruzando el río, en el Khaosan Tokyo Annex. Una guest house bastante animada: en el salón siempre había gente joven de todas partes del mundo, charlando y riendo. Por supuesto varios ordenadores para conectarse a internet. Y lo más curioso, las duchas, cuyas puertas daban a la sala de estar. Por un precio de quince euros la noche en una de las ciudades más caras del mundo es para conformarse con una habitación compartida en que guardas la ropa en una taquilla y tienes una cortina para cerrar tu cama, lo que otorga algo de independencia ante los desconocidos compañeros de cuarto.

Lo mejor es comenzar con un paseo desde la pensión hacía el corazón del barrio.  Antes de cruzar el puente que lleva a la estación de Asakusa hay un edificio de los más característicos de la ciudad con forma de antorcha, auténtica creatividad arquitectónica que no pasa desapercibida. Asakusa es donde se asentaba la antigua Edo, como se conoció a Tokio durante cientos de años. Una buena oportunidad de conocer un poco del pasado tokiota es pasar por la puerta Hozo-mon bajo su gigantesca lámpara de papel y un alargado pasillo de mercadillos ambulantes que lleva al milenario templo de Senjo-ji. Quizá la reliquia mejor preservada de la metrópolis.

Junto a la estación hay un embarcadero fluvial donde se pueden coger botes que te llevan a la parte más moderna. Este medio es perfecto para hacerte una idea de la enormidad urbanística en que uno se está moviendo, contemplando por todas sus direcciones uno de los skyline más sorprendentes del planeta.

Además de estar disfrutando de un crucero por el río Sumida. Una vez concluida la travesía, un punto relativamente ‘cercano’ es el distrito de Ginza. Todo la gente viste con chaqueta y corbata, muchísima elegancia en los ejecutivos japoneses. El objetivo de venir hasta aquí, no es otro que ver la estatua dedicada a Godzilla, todo un clásico de la ciencia ficción japonesa. Además las calles anchas y comerciales invitan a caminar durante horas.

El siguiente punto en el camino es la zona de Shinjuku, para buscar el vértigo de las alturas que ofrece el ayuntamiento de Tokio. Que tiene montado una planta para visitas, la número 47, donde con unas panorámicas cristaleras se puede divisar incluso el monte Fuji o la torre de Tokio. Sin duda no es apto para los que padezcan de vértigo.

Para concluir la ruta, un agradable paseo al atardecer por el parque Ueno, un lugar tranquilo con algunos templos y museos. Pero esta ciudad tiene mucho que ver y qué hacer. Una buena planificación ayuda a disfrutarla mejor.

David Navarro

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