Paradoja en Doha (I) Imprimir
Qatar

El perfil de la ciudad de Doha no deja de modificarseAsumo que no se puede decir que haya pasado una larga temporada en Doha. Tan sólo anduve por la capital de Qatar durante un receso entre dos vuelos, pero me dio tiempo a hacerme una idea. Lo primero es que el calor es una barbaridad. Llegué de noche y el bofetón que te da el termómetro al salir del aeropuerto internacional a la calle es de aupa. Pronto se da uno cuenta de que si algo abunda en el pequeño país árabe, eso es dinero.

El nivel de coches, vestimenta, la cantidad de edificios a medio levantar en medio de una fiebre brutal del ladrillo-aluminio, la apuesta por playas artificiales... tantas pretensiones parecen impropias del aplatanamiento imposible de evitar por el calor.



Pillé un taxi y le dije que quería ir al 'city center'. Resultó que eso no tenía nada que ver con la medina, que era lo que esperaba. Existe un conocido centro comercial que responde al mismo nombre y allí me dejó el chófer. En la planta sótano se encuentra una pista de patinaje sobre hielo, un alarde de la ostentación en toda regla.

Se palpa la fiebre consumista de los petrodólares. Dicen que hay petróleo para seguir sacando al ritmo acutal durante los próximos cien años y ahí están los tíos, en una carrera hacia adelante. Maricón el último o el que menos gaste. No hay seguridad social en Qatar, pero también muy poca delincuencia. Al que le pillan robando lo deportan inmediatamente a su país, por lo que los inmigrantes se lo piensan muy mucho a la hora de meter la mano en una cartera ajena.



Carmen Casso