La Sardina se entierra entre murgas y plañideras PDF Imprimir E-mail
España
Un cortejo fúnebre (más o menos) en el entierro de la sardinaLas Palmas es el lugar. La capital grancanaria, canariona como le gusta que se denomine a sus paisanos, vive como pocos lugares en el mundo la fiesta del Carnaval. A tope durante un par de semanas y hasta el final de las mismas. Sucede que el punto y final a tanto desmadre no tiene nada que ver con una vela que se apaga: es una movida por todo lo alto. Se trata de enterrar la sardina, aunque más propiamente es de quemarla.

Este pescado simboliza el Carnaval. Cuando desaparece es síntoma de que doña Cuaresma ha vencido y que su tiempo ha pasado. El último sábado carnavalero, media Las Palmas se viste de luto para la ocasión. Ellas van con traje ceñido negro y normalmente con mantilla y medias de encaje, al estilo de las viudas alegres, y ellos... también. El personal masculino con ganas de travestirse aprovecha la ocasión para enloquecer de lo lindo. Se forma un pasacalle con la reina de las fiestas, murgas desfilando, plañideras de toda ralea y por supuesto, con la sardina como protagonista.

No hay prisas para que el pescado alcance el punto culminante del recorrido: la playa de Las Canteras. En este lugar tan emblemático todo acabará antes de que uno se dé cuenta. Entre copas y bailes, la comitiva alcanza la arena. Los más dolientes se tiran al agua, entre copazo y copazo, para mitigar el dolor. Los cargadores colocan la sardina (esto es, una maqueta gigante de la misma) en una estructura flotante, que se amarra sobre el agua, a la vista de todos.

El personal se consuela dando abrazos. Hay quien intenta robar algún que otro beso. La fiesta va a llegar a su fin. El verdugo de turno le mete fuego a la sardina y arrancan los fuegos artificiales. Todo es muy histriónico y extraordinariamente divertido a la vez. Las llamas de la sardina contrastan con un castillo de fuegos artificiales, cada año más espectacular.

Cuando acaba la ceremonia, todo el mundo sabe que el Carnaval muere al amanecer. Queda una noche por delante para liarla hasta el año que viene. Las viudas saben bien qué hacer. Tan sólo hay que dejarse llevar por el duelo...



Daniel Pinilla

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