Sarria, kilómetro cero de mi peregrinaje PDF Imprimir E-mail
España

Un peregrino sigue las indicaciones hacia SantiagoMi peregrinaje a Santiago de Compostela, a mediados de la primavera de 2008, ha supuesto una experiencia única, imborrable. Los tres peregrinos (hice el trayecto con dos amigos) arrancaron en Sarria (Lugo), donde descansaron la primera noche en Los Blasones, un albergue privado que regenta Aurora Gudín (a la que todo el mundo llama Tita) desde el año 2000 en la céntrica Rua Maior 31, precisamente el lugar donde nació hace 40 años. Nos vamos a la cama con la impresión de que hemos puesto el listón muy alto. Por seis euros por cabeza, uno tiene la sensación de estar pernoctando en un hotel de cinco estrellas... peregrinas.

La casa, con dos blasones de piedra en la primera planta que atestigua el pasado glorioso de la vivienda, es hermosísima. Cuenta con 42 plazas en literas, si bien esa noche los tres únicos huéspedes fuimos nosotros. A última hora se le cayó la reserva que habían formalizado unas chicas. Pero para la semana siguiente, lo tenía completo ya tres días. Olvidaos de julio y agosto, estos meses son los buenos.

Antes de irnos al catre hemos tenido tiempo de probar la gastronomía local. En Escalinata, el bar que regenta desde hace nueve años José Caldas (no confundir con su primo ex presidente del Sevilla) frente al albergue municipal, nos supo a gloria un montadito de jamón de la tierra a la plancha acompañado de un chato de albariño (de la marca Coroa D'ouro).

Natural de Pacios de Froián (concejo de Incio), Caldas reconoce que ha hecho muchas veces el camino... ¡en coche!, nunca a pie. Su establecimiento es un enclave estratégico, que toma su nombre de la escalinata de 63 escalones que hay en un lateral. Famosa es, al parecer, la tortilla que prepara su mujer, Belén. Dicen que se ha hecho famosa por internet...


Trabamos conversación, nos hacemos una foto con él y José Caldas nos obsequia con un orujo de hierbas casero antes de irnos. "Es bueno para el estómago", recomienda. Nos despedimos y nos vamos a O Tapas, el otro bar de la Rua Maior que nos ha recomendado Tita. Sin anestesia, pedimos un tinto de la tierra (procedente de la localidad de La Rúa, a una hora en coche de Sarria) que acompañamos con una especie de montadito de lacón ahumado (exquisito) mientras vemos el final del Shalke 04-0-Barcelona-1. Algunos bares de Sevilla deberían tomar nota. Tres copas de vino y seis pinchos, tres euros.


Los tres peregrinos han echado la noche fuera por catorce euros, incluida convidá a cacahuete como si estuviéramos en la carrera oficial, pero en la Rua Maior de Sarria. El billete del Talgo que nos trajo desde Ponferrada con un traqueteo indecente por un trazado a la vera del río Sil, rebosante de agua tras las últimas lluvias, ha sido más caro que la cena. Muchísimo más.


Hasta Ponferrada habíamos llegado a bordo de un C3 de alquiler (9907 FSR), cumpliendo al segundo con los horarios previstos, gracias fundamentalmente a nuestra pericia como conductores... y a la ruta de Vía Michelin, previa parada en el Cruce de las Herrerías (Cáceres) para desayunar una tostada como Dios manda; en La Bañeza, famosa por sus legumbres y donde nos detuvimos para comer, lógicamente, arroz negro con chipirones, y Astorga, por el vicio de contemplar el Palacio Arzobispal diseñado por Antonio Gaudí, dado que las mantequerías, a esa hora a la que la siesta no es una costumbre sino una necesidad, estaban todas cerradas.

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