En Mojácar eres moro o eres cristiano PDF Imprimir E-mail
España
Escrito por David Navarro   

Cartel de moros y cristianosEl verano en las costas españolas tiene algo especial y más si se junta con un lugar tan particular como es Mojácar. El nombre del pueblo suena a místico o mitológico, pero es toda una realidad. En una colina yace el pueblo, blanco, al más puro estilo andaluz. Pero la costa, a unos cinco kilómetros es un puro hervidero de turistas en verano.

Para mí Mojácar no es nuevo. Son muchos los años que llevo dejándome ver por aquí. Aunque reconozco que nunca deja de sorprenderme. Los fines de semana  estivales están llenos de gente de muchos lugares, y sobre todo gente joven en busca de diversión. Poco turismo de familias, aunque también lo hay. La parte de la playa que más me gusta es la de los chiringuitos. Un cadena de varios chiringuitos (o bares de playa) seguidos uno tras otro. Empezando por el Aku Aku, le sigue el Cid, luego el Patio, alguno más que no recuerdo y terminan con el BB-me y el Maui. Estos dos últimos son los que concentran toda la muchedumbre. Por esta zona, no se cabe. Pero para el que le guste el buen ambiente, es el sitio ideal. Para tomar unas cervezas y charlar con amigos siempre preferí el Cid. Pero en esta ocasión primaba el cachondeo.

Era sábado después de comer. Tras baños en la playa combinados con mojitos y buena música del DJ del Maui se disfruta de una tarde muy playera, hasta que llegó el momento más esperado. Era la hora de la fiesta de la espuma, las seis de la tarde. Todo el mundo esperaba expectante, viendo como colocaban el cañón, mientras fotógrafos de Agentes de la Noche (los patrocinadores) hacían fotos a los presentes. Se hizo rogar más de media hora hasta que el cañón se puso a echar espuma. Yo, que no me quería meter por tener en el bañador el móvil y la cartera… me cogió de lleno. Me iba a escapar de la espuma que llegaba a una altura considerable, pero me empezó a divertir. Con el ritmo de la música, sin ver casi nada, y con todo el mundo riéndose, no tuve otra alternativa que quedarme. A pesar de estar bastante mojado, no hubo que lamentar que se rompiera el móvil o se perdieran los billetes. Todo sano y salvo. Tanto jabón deja la piel más que suave. Nunca supuse que fuera tan divertido. Pero había que cambiar de tercio y estaba muy animado.

Tras un baño  en el mediterráneo para quitar toda la espuma, el objetivo cambió. Turno para el BB-me. Ya allí, gente de otro tipo, más ambiente Ibiza, y por supuesto sin nada que envidiar a lugares tan conocidos como el Bora Bora. La música buenísima y mucha gente guapa. Era casi como salir de noche pero en la tarde mojaquera a ritmo de cubatas en vaso ancho hasta que cayera la noche. Una pena, pero es la hora de la cena. Aunque el sitio aún sigue lleno.

Las casas blancas de Mojácar se dibujan en la colinaDe vuelta al aparta hotel, Mojácar Beach, había un ambiente que auguraba una gran noche. En su patio, un grupo de despedida de solteras vestida de policía armaban el taco con otra despedida de soltero (despedidas por cierto había infinitas), mientras todos los balcones al completo animaban el espectáculo como si fuera un auténtico coliseo romano. Madre mía, la que había liada allí.

La noche mojaquera tiene varios puntos, se puede empezar por Lua, cerca del Pueblo Indalo, está junto a la playa y decorado con mucha vegetación. La edad media es más treintañera. Cuando cierran aquí a las cuatro de la mañana, el mismo local tiene una discoteca casi enfrente, el Moma, para terminar la noche. La otra opción para la noche, quizás el sitio más de moda, sea la discoteca Mandala. Un caserón inmenso a pie de playa. Con varias salas y escaleras que te llevan de un sitio a otro, encontré mi sitio en el patio, con una piscina central. Y un acceso directo a la playa.  Gran sitio para concluir la noche.

Me voy, pero Mojácar sigue. Como siempre, habrá que volver.


David Navarro


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