El olor del ron me llevó de Teror a Arucas Imprimir
España
Escrito por David Navarro   

Iglesia de San Juan Bautista, conocida como la Catedral de ArucasLa Isla de Gran Canaria contiene un gran interior. Mi intención era averiguar qué secretos esconde su parte norte. Para ello, un coche alquilado puede ayudar al desplazamiento (por cierto, buen precio tanto del automóvil como de la gasolina). Ventajas de la insularidad.

Con la salida desde Las Palmas, la carretera discurre por sinuosos carriles, donde la vegetación va apareciendo por momentos y entre las montañas, los valles y un clima atlántico te trasladas en la mente al norte de España. Algunas casas solitarias desafían las leyes de la gravedad, apuradas en los bordes de las rocas. Todo muy hermoso. El primer destino es Teror. Justo a la entrada está la fábrica de donut de Eidetesa que cuenta con un bar. Me tomé un para desayunar una tostada de tortilla de patatas y berro que quita el sentido de lo buena que estaba y para beber un zumo de papaya natural (fruta muy frecuente en la isla). Por supuesto, es obligatorio probar los donut recién hecho en alguna de su decena de variedades. ¡Pero qué tortilla!

El pueblo de Teror, es muy colonial. Sus calles perfectamente cuidadas, los balcones de madera y como no, su iglesia. Una iglesia muy bonita dedicada a la Virgen del Pino, patrona de la isla. Dicen que apareció en el S.XV y a partir de ahí se fundó la localidad. Tiene su encanto la casa de la cultura, donde conservan la cruz que anteriormente estaba en la montaña y que fue sustituida por otra que se ilumina en la noche y parece que está levitada. Me sorprendí con el gran auditorio con que cuenta. Una placita cercana a la basílica hace honor a Teresa Bolívar, mujer del libertador de América Simón Bolivar, que sus abuelos eran de aquí y emigraron a Venezuela. También se dejan ver por aquí Fernando Alonso, el piloto de F1, con su pareja Raquel del Rosario (cantante de El Sueño de Morfeo), ya que ella es terorense.

Calles de estilo colonial en TerorDesde Teror el camino baja por la montaña, pero sin llegar al mar, buscando el pueblo de Arucas. Desde los lejos se distinguen grandes árboles, majestuosos, pero al acercarse la vista se sorprende con que la vegetación no era tal, sino una grandiosa catedral. ¡Qué maravilla! El templo construido con piedra de mar sobresale de la ciudad dando la nota con su color negruzco. Lo malo que estaba cerrada y su interior dicen es único. Pero las estrechas calles invitan al paseo. La casa de la cultura es usada entre otras cosas como sala de estudios y su colorido interior vale para sentarse en el patio y dejar pasar los minutos con el sosiego que se respira. Continuando el camino y dejando un parque a la derecha se llega a la fábrica del popular ron Arehucas. Un letrero dice que se fundó en 1884 y cerca una estatua de su fundador, que nació unos diez años más tarde…la duda me llenó, ¿Quién fue primero? La gallina o el huevo.

La fábrica se puede visitar, esperas que venga algún grupo y te incorporas sin problemas. En mi caso fueron unos cincuenta alemanes. A la entrada están llenas de barricas firmadas por famosos, desde Julio Iglesias hasta los reyes de España. Luego se pasa a la zona de envasado, tecnología punta. Aquí un operario me contó que toda la caña de azúcar la traen de Sudáfrica que es mucho más barata, y que prefería más el ron blanco que el añejo, al que el color se lo da la madera. Dice que el blanco es más limpio y mejor para el cuerpo. Al final del recorrido una degustación de los diferentes productos. Lo malo que el ron era a palo seco, un poco brusco para la hora que era. Eso sí, tenían algunos licores muy sabrosos. Se podía beber hasta terminar las botellas que habían dejado en la barra.

Pero había que retirarse, no era momento de borracheras, aunque los alemanes si estaban por la labor de beber hasta la última gota. Nunca dudé de ellos.


David Navarro