Acantilados 'très agréable' en Étretat PDF Imprimir E-mail
Una vista de los acantilados en una jornada soleadaLa Costa de Alabastro es una zona de Francia no excesivamente machacada por el turismo que sin embargo encierra auténticos tesoros. Uno de ellos es el pequeño pueblo de Étretat, de apenas 2.000 habitantes. El pelotazo del lugar es sin duda sus impresionantes acantilados, un deleite para la vista. No en vano Claude Monet visitó asiduamente esta costa para pintar algunos de sus famosos paisajes marinos impresionistas.

Desde el corazón del pueblo es fácil darse el gran paseo junto a los acantilados hacia el sur: existe un camino seguro flanqueado por excelentes miradores. Al otro lado queda un impoluto campo de golf. Mucho verde por todos lados para tirarse a tomar el sol mientras se escucha romper el mar unas pocas de decenas de metros más abajo. Experiencia impagable.

La playa del pueblo como tal es de guijarros. Todavía se adivinan restos de búnkeres. Hacie el norte, por la costa, se alza un promontorio coronado por una iglesia. Resulta una gozada pasear por la orilla, escoltado por el mar y las paredes verticales del acantilado.

La formación rocosa asemeja una trompa de elefanteEn invierno el pueblo es casi un desierto. No tiene una gran animación. Tan sólo un local, el Deux Augustins (abierto desde 1851) aguanta el tirón. Allí, por cierto, es imperdonable perderse un buen atracón de mejillones con patatas fritas de la casa. También hay un casino junto a la playa, pero lo cierto es que tiene un éxito más bien escaso...

El centro del pueblo está presidido por un antiguo hospital de campaña de la Segunda Guerra Mundial. Como es preceptivo, en la fachada principal figuran dos banderas: la fracesa y la de EEUU. Cosas de la herencia bélica. Por cierto, para dormir un buen lugar es el hotel Le Corsaire.

Carmen Casso

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