Asalto a la fortaleza de Carcasona PDF Imprimir E-mail
Escrito por David Navarro   
Un buena panorámica desde el Castillo de los TrencavelLa región del Languedoc-Rosellón en Francia tiene muchos rincones por descubrir: ríos, montañas, castillos, ciudades antiguas y espléndidos paisajes. Pero aunque hay gustos para todo, hay un nombre propio que destaca sobre el resto, y no es otro que la ciudad fortificada de Carcasona.

La autopista que se mete en el interior del sur de Francia desde Narbona hasta Toulouse pasa casi rozando la fortaleza. Hay que tener cuidado en la conducción, ya que es normal quedar perplejo con tanta hermosura. Inteligentemente puesto para evitar accidentes hay un mirador que invita a detenerse unos minutos.

La ‘Cité’, como es conocida Carcasona, está protegida por una doble muralla con todo su perímetro y 53 torres. Seguramente es el mejor ejemplo del Medievo europeo que puede visitarse hoy día. Ya por el año 1997, la UNESCO la premió declarándola Patrimonio de la Humanidad. Tiene varias puertas que te acceden entre el primer muro y el segundo, pero del segundo al exterior hay que atravesar el foso a través de un puente levadizo que atraviesa la Puerta Narbonnaise. Es curioso ver cómo pasa algún coche por aquí, aunque es extraño, ya que el tráfico rodado está limitado a unos pocos vecinos.

Una estatua inmortaliza a Cros-MayrevielleLas calles estrechas invitan al paseo entre casas que ofrecen souvenires o convertidas en atracciones de ocio como ‘la casa de los fantasmas’. Poco antes de la entrada al Castillo de los Trencavel hay una pequeña estatua que homenajea a Cros-Mayrevielle, considerado el primer salvador de Carcasona cuando este lugar era usado como refugio para pastores y ovejas. Aunque la maravilla que se observa hoy día es fruto de unos grandes trabajos de reconstrucción que tiene en el nombre de Viollec Le Duc su gran protagonista.

El castillo es un bastión de intramuros. Allí hay que pagar una entrada que sin duda merece la pena. Un buen recorrido por salas, murallas almenadas, habitáculos defensivos y siempre con una impecable vista al resto de la ciudadela. En verano se puede recorrer gran parte de los muros.

La otra gran perla, la tenemos en la basílica de los santos Nazario y Celso con una mezclas de estilos entre románico y gótico. Las vidrieras son cautivadoras dejando pasar los rayos de luz para engrandecer las historias narradas con sus dibujos en el cristal. Hay una lápida sepulcral de la que se dice que fue la tumba del líder de la cruzada albigense, Simón de Montfort.

La puerta Narbonnaise es el principal acceso a la ‘cité’Para rematar el día, qué mejor que detenerse en una de las ‘brasseries’ para degustar un sabroso plato occitano...

David Navarro








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