Guía para liarla parda el 31-D en Atenas PDF Imprimir E-mail
Grecia
Escrito por David Navarro   

Bandera de Grecia sobre la Acrópolis, Atenas.Atenas, año 2007. Llega el día clave, el día 31 de diciembre, el día de San Silvestre. El año muere y empieza uno nuevo cargado de nuevas ilusiones y esperanzas.

Estaba alojado en el “backpacker” de Atenas, muy cerca de la Acrópolis. Allí desde las seis de la tarde ya se respiraba aire de fiesta. Su bar había hecho un día completo de 'happy hour'. Un grupo perenne de brasileños no se movía de la barra. Poco a poco se iban incorporando todos los huéspedes con sus mejores prendas. Habían organizado una fiesta en la azotea para ver los fuegos artificiales que lanzan desde la Acrópolis. Pinta todo muy bien, pero hay otros planes.

Tras varias cervezas con la comunidad internacional 'bacpackeriana' llegó la hora de irse a cenar. El lugar elegido fue “Palia Taverna tou Psara”. Dicen que es el mejor restaurante de Plaka (el barrio bajo la Akropolis). Todas las mesas llenas, 'full'. Afortunadamente había reserva, somos previsores para las grandes ocasiones. Como gran restaurante que es, te llevan a la cocina para elegir entre los pescados frescos del día. Así que seleccionamos: unas doradas, unos langostinos tigres, pulpo, calamares…y vino de la casa. Todo buenísimo, pero mejor el puntito acumulado que tenía entre cervezas y caldos locales. Eso sí, de barato, nada de nada.

Pero se acerca la hora más esperada. El ayuntamiento ateniense preparó en su plaza un escenario, actuaciones de grupos, muchas luces y fuegos artificiales. Lo peor es que el tiempo estuvo más que justo; ya que del restaurante hubo que regresar al “backpacker” para coger toda la logística: vasos, ron, gin, champán, coca cola… Llegué a dos minutos para las doce, justo, muy justo.

La plaza estaba llena. Sobre todo de inmigrantes. Origen desconocido por su piel, podían ser de Turquía o norte de África. Casi seguro de religión musulmana. Dos minutos no dan para mucho para localizar el mejor sitio de la plaza. Así que me conforme con que se viera escenario. Miré a mi alrededor y todo el mundo estaba muy serio. La gente miraba extrañado por el jolgorio que traía (normal: cinco cervezas, tres vasos de vino y una copa de champán). Yo pensaba para mí: “joder que entramos en un nuevo año, qué hace esta gente tan seria”.

Para la ocasión, preparé mi botella de champán y advertir con mi mirada alrededor que iba a mojar. Tenían todos cara de pocos amigos. Sonreí a unos cuantos y vi que me respondieron con otras sonrisas. En esa comunicación no verbal entendí que lo podía hacer. Pues lo hice, ¡me encanta este momento del año! Pronto se me formó un círculo y la lluvia de champán mojaba las cabezas más cercanas.

Los fuegos artificiales  empezaron a llenar el cielo. Abrazos con los amigos, en cambio a nuestro alrededor parecía que no había pasado nada. Todo seguía tal cual como al comienzo. Para hacerme con la zona de atmósfera hostil repartí vasos de champán entre la gente que me rodeaba. Muy estratégicamente, por diferentes grupos ya que el ambiente no era de lo más amigable.

Ambiente de fin de año 2007, en Tras un par de copas, cambio a un sitio más seguro, junto a unos policías. Seguimos con nuestro botellón mucho más relajados. A eso de las una se tuvo que armar una buena bronca. Todos los policías de nuestro alrededor se fueron para el final de la plaza corriendo. Fue la señal para irse de allí.


Tras el botellón, se continúa la marcha por Psiris (el barrio con más marcha de la ciudad). Dirección 'Fidelio', un bar con mucho diseño que tiene el perfil de una casa destruída con el tejado de cristal y un árbol dentro que sale por el tejado. Sin duda es mi favorito en el barrio. Pero una noche como ésta necesita una discoteca de verdad. Qué mejor que el “Salón de Oro” dónde había mano para entrar (caí en gracia con la encargada de puerta). Gran ambiente. En una política antigarrafón y cubatas cargadísimos (muy frecuente en Atenas) aproveché los sobrantes del botellón para rellenar las Coca Colas. ¡Qué borrachera más gorda! Eso es sin duda una buena entrada del año.

De vuelta al 'backpacker', aproximadamente sería las 7 de la mañana, se puso enfrente de mí un nuevo obstáculo. Un puesto de 'souvlakis' (bocadillo con pincho griego de carne). No pude esquivarlo. ¡Cómo me equivoqué! Me sentó fatal.  Las dualidades de la vida, la felicidad con la borrachera y el malestar con el pinchito griego. A pesar de esto, feliz año nuevo.

 


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