La guasa de los taxistas de Vilnius PDF Imprimir E-mail
Lituania

Un taxi aparcado en pleno centro de VilniusLlegamos a Vilnius por carretera desde Letonia. No se puede decir que sea una autopista de montones de carriles, pero se va bien. Al menos no es como en otros sitios donde los policía te buscan la espalda para multarte porque te has pasado de un límite que ni siquiera está establecido o no se sabe. La clásica 'mordida'. Vilnius no es una joya, pero tiene su encanto.

El casco histórico está cruzado por una calle por lo que resulta bastante fácil orientarse. Hay montones de iglesias que visitar y tiene bastante ambiente nocturno. A veces incluso demasiado. La primera noche que pasamos en la capital de Lituania nos sorprendió a mí y a dos amigos más una nevada bestial con ventisca incluida mientras buscábamos el museo en memoria del holocausto judío. Pillamos un taxi para regresar al hostal y nos cogió un conductor que no era capaz de decir ni mu en inglés. Cero total. Nosotros íbamos a un sitio archiconocido, como si fuera Time Square en Nueva York. Imposible no conocerlo. Se lo enseñé en el mapa, lo pronuncié como si el tío fuera mongolo, pero nada, insistía en tirar en dirección contraria. Yo sabía que se estaba equivocando, pero no paraba de hablar entre dientes y no me hacía caso. Al final vio que no estaba tirando por el camino correcto y dio media vuelta.

A todo esto no había puesto en marcha el taxímetro. Yo sólo se lo señalaba y se decía 'on-off'. Tampoco hay que ser de Oxford para entenderlo. Total, que nos encajamos en la puerta del hostal y nos pidió 40 de las monedas locales. Yo, que me equivoco tela pero que tengo algunos tiros dados, ya había preguntado en la recepción cuánto podía costar una carrera de punta a punta del centro: unos 15. Le dije que no pagábamos eso. Se encabronó y nos dijo que vale, que 30. Le dije que tampoco y no se le ocurrió otra cosa que arrancar el coche con nosotros dentro y comenzar a conducir en plan 'Arma letal', a toda pastilla dando unos volantazos mortales. Empezamos a gritarle y pensé en tirar del freno de mano. La verdad, pasamos miedo porque el tio parecía un psicópata, no sé qué pretendía. Cuando cinco calles más adelante tuvo que parar porque no podía atravesar a un camión, saltamos del coche como resortes y nos fuimos corriendo hasta el hostal.

Fui de inmediato a la de recepción a comentarle el tema y preguntarle si podíamos esperar que el taxista volviera o qué podíamos hacer. La chavalita sólo nos preguntaba qué marca de taxis era y nos decía que cosas así pasan y que son normales. Me fui a darme una ducha caliente. No más taxis sin taxímetros o precios acordados...

Daniel Pinilla

Comentarios (2)Add Comment
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Silvia
junio 14, 2009
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vaya telita. Si es que te metes en unos sitios.

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zerolo
junio 14, 2009
Votos: +0
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¿que pretendia el taxista?...

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