Montenegro
El baluarte eslavo frente a los otomanos PDF Imprimir E-mail
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Un peculiar vendedor callejero en el centro de CetinjeEnclavada en un verde valle rodeada de montañas, más o menos a medio camino del puerto de Budva y la capital Podgorica, se encuentra una joya levantada a la medida del hombre. Se trata de Cetinje, un pequeña ciudad montenegrina que no alcanza los 20.000 habitantes pero que destila historia y señorío por los cuatro costado.

Para los habitantes del país se trata del ojito derecho del legado de los grandes tiempos de Montenegro. No en vano Cetinje se convirtió siglos atrás en el bastión eslavo en la lucha contra los conquistadores otomanos. De alguna manera hay trazada una frontera norte-sur que delimita el alcance de la influencia turca. Eso se puede comprobar en la arquitectura, la forma de vestir de la gente e incluso en la cocina. Cetinje es una pequeña población con aires merecidos de grandeza.
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Perast: 300 habitantes, 16 iglesias y 17 palacios PDF Imprimir E-mail
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Una damisela pasea por Perast un día de veranoNo son pocas las ciudades que se consideran remedos de la gran Venecia. Quién no ha oído hablar de la Venecia del norte, del sur, del este o incluso de América. En realidad son pocas las que resisten la comparación con dignidad, pero algunas sí resultan dignas del calificativo. Perast es la versión montenegrina. Con escasos 300 habitantes, se levanta orgullosa en la bahía de Kotor con sus 16 iglesias y 17 palacios. La proporción no es pequeña.

Junto a las aguas del Adriático, se trata de un pequeño tesoro, el clásico lugar de que uno se sorprende al llegar por su poca repercusión en el exterior. Mejor, cualquier síntoma de masificación se lo podría llevar por delante. Alguna celebridad como Michael Douglas ya lo ha descubierto y se ha dejado ver por allí, lo que la ha colocado en el escaparate.
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Ostrog reúne a sus fieles PDF Imprimir E-mail
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El acceso a Ostrog se pasa de majestuosoNo son pocos los montenegrinos que se muestran orgullosos de su religión ortodoxa (los que la profesan) como símbolo de patriotismo y de resistencia a injerencias externas, como pueden ser históricamente los turcos. Un recorrido por los monasterios de este pequeño y vibrante país supone hacerlo por el pálpito de su sentimiento más profundo, que es más terrenal que religioso.

Quizás la excepción es el imponente Monasterio Ostrog. No en vano se trata del primer centro de peregrinación ortodoxo en los Balcanes, con una afluencia aproximada de un millón de fieles anuales. Yo caí por el lugar un día cualquiera de agosto, no era ninguna festividad señalada. Sin embargo, casi no se cabía. Y eso que el camino de acceso al recinto monasterial es precioso, pero impracticable hasta casi para las cabras.
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