Países Bajos
Los Países Bajos por todo lo alto PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Óscar Reyes   

El gran dique de Oosterschelde frena las mareasMucha gente que visita Holanda raramente sale de Ámsterdam. Pero hay que decir que hay mucho que descubrir.

Empiezo por Keukenhof, la ciudad de los tulipanes. Está muy cerca de Ámsterdam y Haarlem. La entrada cuesta catorce euros. Es una visita obligada. Fui un día soleado, pero todavía no estaba el parque con todos los tulipanes. Sí tienen muchos invernaderos y es impresionante la cantidad de variedades de tulipanes y otras flores que se pueden contemplar. Inauguran cada año el uno de abril, pero recomiendo ir a partir del 15 de abril.

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El gran truco para abaratar una visita a Ámsterdam PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Óscar Reyes   

La entrada al museo de Heineken ExperienceDesde mi país (España) es fácil alcanzar Holanda, el país de los tulipanes. El viaje de avión lo hice con la compañía de lowcost Ryanair, de Mallorca a Weeze (Alemania), que está a tan sólo 15 kilómetros de la frontera holandesa. Aunque en total son 173 kilómetros los que separan de Ámsterdam, la capital.

El aeropuerto de Weeze es muy chico pero a través de Ryanair enlaza con más de una treinta ciudades europeas, entre ellas Sevilla, Alicante, Almería, Málaga, Valladolid, Barcelona... Además cuenta con varias compañías de alquiler de coches. Ya en Ámsterdam, me hospedé en un hotel de la cadena NH en el Schiphol NH (muy cerca del aeropuerto de la ciudad) de cuatro estrellas porque a los menores de 30 años les hacen una oferta de 60 euros la noche por la habitación doble (es decir 30 euros por persona la noche). Y por allí se puede aparcar el coche en un descampado, al lado de un McDonald gratuitamente. Ya que en el hotel, sale el parking del coche a 18 euros/24h.

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El fútbol me hizo cruzar el Atlántico PDF Imprimir E-mail
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Imagen del periódico que narra el viajeAunque haya quienes piensen que el fútbol sólo son dos equipo de once jugadores o jugadoras detrás de una pelota, pocas cosas te permiten viajar tanto, o mejor dicho, te animan a viajar tanto como disfrutar de tu equipo y un buen fin de semana en la ciudad del equipo que visitas, y si encima, es una final, no hay mejor premio que ser aficionado a unos colores.

Empezamos por una de las emocionantes, la que en 2005 me unió con las ciudades holandesas de Maastricht, Eindhoven y Amsterdam. La distancia desde la que me desplacé sería anecdótica si no fuera porque tuve que cruzar un océano para llegar a ese país que tiene una buena parte de su territorio bajo el nivel del mar. Pero curiosamente, aunque Guatemala –sí, Guate- esté lo suficientemente lejos para desistir en el intento o pensártelo muchas veces, finalmente, la oportunidad única, muchas búsquedas en internet, alguna desgravación del IVA local y la suerte de estar en temporada baja, me permitió ver a mi equipo en su primera final europea, casi al mismo precio que mis amigos hinchas pagaron por su vuelo desde la ciudad de origen. Claro, en horas la comparación no resiste, pero mereció la pena, y no sólo en lo futbolístico.
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