Las tripas de Estambul PDF Imprimir E-mail
Turquía
Escrito por David Navarro   

La siempre fotogénica Mezquita Azul Estambul es una ciudad que deslumbra por todas partes, pero concretamente hay una zona que es el epicentro del turismo y es Sultanamed. Tuve la suerte de hospedarme muy cerca de allí o más bien allí. En un backpacker llamado Yunus Enre, sin ningún tipo de lujos y con habitaciones compartidas pero con una terraza para disfrutar un riquísimo desayuno junto a la mezquita azul.

Mi primera visita fue las cisternas de Justiniano, una sorpresa para cualquiera que entra.  Construidas en el s. VI, era el lugar donde acumulaba el agua la ciudad traída por los acueductos. Es increíble ver como ese bosque de columnas que bajo el suelo de la vieja Constantinopla ha sobrevivido al paso de los años. Lo más curioso, es que los otomanos tardaron décadas en descubrirlo. Recomiendo ir a primera hora para evitar la masificación del lugar y sobre todo que es un sitio para verlo tranquilo sintiendo el momento.

Segunda parada, Santa Sofía. La que fuera durante años la iglesia más grande del cristianismo y convertida en mezquita tras la conquista de Constantinopla por el Imperio Otomano, es una autentica joya  de la arquitectura. Sólo su cúpula eclipsa por sí misma. Aún conserva algunos de sus más antiguos frescos. Este templo sirvió de inspiración al estilo de mezquita musulmán que siguió sus patrones, con grandes cúpulas centrales y minaretes en los ángulos. Cuatro en el caso de Santa Sofía.

A pocos metros se encuentra el palacio de Topkapi, la residencia de los sultanes otomanos. Con una audioguía y unas tres horas se recorren estancias palaciegas, el harén, sala de tesoros, sala de armas, salón de recepciones, cocinas,… Toda una demostración ostentosa del poderoso imperio que llegaron a gobernar.

Por último, la Mezquita Azul, justo enfrente de Santa Sofía. Estéticamente es perfecta, con sus seis minaretes. Dentro, una gran lámpara cuelga del centro mientras numerosos fieles practican la oración. Afuera yace un parque en el lugar donde estaba el hipódromo de la época bizantina. Aún quedan algunos vestigios interesantes como un obelisco egipcio, otro romano y la columna serpentina, robada o tomada del oráculo de Apolo en Delfos (Grecia). Uno de los símbolos del hipódromo fueron sus caballos de bronce que hoy se pueden ver sobre la catedral de San Marcos en Venecia.

Así es Sultanamed, demasiadas cosas bonitas para la mente en un área tan concentrada. Vale la pena recrearse para descubrir sus secretos.

 

David Navarro

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