El agua potable llega a Iquitos en el siglo XXI PDF Imprimir E-mail
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Los canales hacen de calles en BelénCientos de miles de personas que viven en la ribera del Amazonas a su paso por Perú desconocían hasta hace siete años que el agua, cuando es potable, es transparente y no sabe a nada. Les extrañaba porque la que consumían la tomaban del inmenso río frente a sus casas, del mismo lugar donde se ubican las letrinas. El mismo en el que se aseaban y que aún es la zona de los pocos juegos que se pueden permitir los niños por estos lares.

Así, el emplazamiento donde se conserva el diez por ciento de los recursos de agua dulce del planeta se convertía con demasiada frecuencia en un cóctel ocre y mortal de parásitos. Dos millones y medio de euros han bastado para que más de 400.000 personas puedan evitar morir por problemas derivados de beber agua insalubre. Un proyecto de vida que originó, en contraste, una alarma de muerte.



Todo se inició hace siete años en Iquitos, capital del departamento peruano de Loreto, con la construcción de un parque de bomberos. Era el primero que tenía esta urbe, ubicada en el corazón de la selva, y que es hoy en día la ciudad más grande del mundo a la que no se puede acceder por carretera. Coincidió que en apenas unos días fallecieron cinco niños de uno de los poblados cercanos por infecciones causadas por el agua. Y nació, con ello, el proyecto de potabilización que ha cambiado la vida de la zona más deprimidas de Perú y una de las más pobres de Latinoamérica.

Nueve plantas potabilizadoras después, la ciudad no para de crecer y además se está desarrollando. Hay zonas como Belén, catalogada de pobreza extrema por la ONU, a la que con ciertas dosis de imaginación se ha bautizado como la Venecia del Amazonas, castigadas también por la lacra del turismo sexual y la trata de niños, en las que el agua potable sirve para poner un rayo de luz. Los niños que van al colegio no tienen ni para cuadernos, muchos andan descalzos, viven en rudimentarias viviendas de madera cuyo primer piso se eleva unos dos metros para evitar que las crecidas anuales del Amazonas se los lleve por delante, en casas sin puertas ni privacidad.

Pero ahora al menos están sanos y han aprendido lo que es la higiene, lo que disminuye el ascetismo escolar por enfermedad. La parasitosis ha descendido en un 90% en estas zonas rurales. Antes, un 7% de los niños moría antes de cumplir cinco años.

Esto ha sido un gran progreso, pero en Iquitos y alrededores viven cerca de 1.200.000 habitantes y el verdadero oro líquido aún no llega a medio millón.

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