La Nochebuena de los porteadores PDF Imprimir E-mail
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La frontera es un continuo paso de gentes con bultosEn este día de hoy tan apropiado en Occidente para reunir a la familia y pegarse (in) convenientes atracones de comida, no está de más recordar el turismo que muchas personas se ven obligadas a hacer para sobrevivir, nada que ver con el disfrute que se le presupone a un desplazamiento para cruzar una frontera.

Nos situamos en Ceuta y Melilla, las dos ciudaddes españolas ubicadas en el norte de África, absolutamente rodeadas por territorio marroquí. Cada día, hoy también, miles de hombres y mujeres provenientes de las vecinas provincias de Tetuán y Nador se rompen literalmente la espalda cargando lo que legalmente se entiende como equipaje de mano pero que en realidad es comercio puro y duro a bajísimo coste de porte. Hasta 80 kilos en la espalda desde naves industriales a las afueras de Ceuta o Melilla por entre tres y cinco euros de beneficio. Hay que descontar lo que piden los aduaneros por hacer la vista gorda: entre 0,45 y 0,90 por entrada.

Ruedas, ropa vieja, mantas, electrodomésticos, todo tipo de utensilios y cachivaches conforman un género que tiene a muchos pobres porteadores literalmente molidos para que los que mueven el negocio se embolsen unos 1.500 millones de euros al año. Si alguien anda por la citada zona fronteriza, podrá vivir en primera persona un tipo de turismo poco habitual. La realidad social está ahí, a golpe de vista.

Realmente brillante en términos de denuncia es la exposición que el fotógrafo Jordi Camí (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, 1955) ha realizado en el Colegio de Periodistas de Cataluña, en Barcelona, tras sus viajes de abril y junio de 2010 en la zona. El sugerente título lo dice todo: "Esclavos del contrabando".




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